Presentación

Desde la más remota antigüedad, los seres humanos nos hemos emocionado y sobrecogido ante lugares y paisajes naturales. Hemos descubierto que nos atraen porque desde siempre han colmado nuestras necesidades, de cobijo y alimento al principio; y más tarde, de conocimiento, desarrollo personal y reencuentro con el Todo.

parques_animA lo largo de la Historia, hemos amado los escenarios naturales, y buscado formas de protegerlos y conservarlos como legado para las generaciones venideras. Algunos de esos espacios, por su gran extensión intacta, su belleza escénica, o la variedad y abundancia de su fauna y flora, fueron adquiriendo especial fama, y comenzaron a atraer visitantes. Pronto se hizo evidente la necesidad de combinar el cuidado de sus valores naturales con la apertura a su disfrute por la población. Con esa visión, la declaración de Yellowstone en 1872 inauguró lo que el escritor y ambientalista Wallace Stegner llamó “la mejor idea que los Estados Unidos han tenido jamás”: la figura de Parque Nacional. Una idea que pronto se extendió por todo el mundo, y que con el correr del tiempo daría lugar a gran variedad de formas de protección del territorio.

Pero los Parques Nacionales continuaron siendo la poderosa referencia original, el símbolo máximo de nuestro amor por la Naturaleza, y lo son aún en nuestros días. España fue madrugadora en esta iniciativa, siendo el segundo país europeo en adoptarla, solo después de Suiza. Ya en 1916 contábamos con una ley específica de Parques Nacionales, y en 1918 llegó la declaración de los dos primeros: Montaña de Covadonga (más tarde ampliado a Picos de Europa) y Ordesa y Monte Perdido. Desde entonces ha evolucionado mucho nuestra sociedad, y con ella los criterios de selección de los sitios merecedores de ser Parque Nacional, y los métodos y técnicas de su gestión.

Hoy España cuenta con una Red que, aspirando a representar, con el máximo nivel de conservación, toda la diversidad ecológica del estado, integra a 15 Parques Nacionales. Sin embargo, no todo son buenas noticias. La red no está completa, pero ése no es el peor de sus problemas. A pesar de la mayor cercanía administrativa y mediática que hoy presentan, los Parques Nacionales sufren un deterioro creciente de los valores esenciales que los hacen distintos. El rigor científico y conceptual que los anima, el grado de atención que reciben de los poderes públicos, y la orientación de las normas de conservación que los rigen resultan cada vez más débiles y heterogéneos, con riesgo cierto de llegar a su disolución irreversible.

Multitud de intereses y actividades que podrían desarrollarse en cualquier otro lugar amenazan con pasar por encima de las prioridades de conservación de estos santuarios naturales. La situación de los Parques Nacionales es alarmante. Un país que se dice avanzado no puede permitirse la irrelevancia, cuando no la pérdida definitiva, de sus más valiosos sistemas naturales y sus más altos símbolos territoriales. Nos jugamos la salud ecológica y emocional de nuestra sociedad. Necesitamos movilizarnos con urgencia contra este peligro. Adherirse al manifiesto que proponemos es un primer paso en este camino. Gracias, de corazón, por darlo con nosotros.